El desafío que el Súper Niño y el cambio climático imponen en todo el mundo

Definido por la ONU como ‘una alarma climática urgente’, se estima que este fenómeno podría generar pérdidas diarias de hasta 86 millones de dólares en los países más golpeados. Por eso, el llamado es a adaptar cultivos agrícolas, rutas, puentes y construcciones críticas para que permitan la continuidad operacional con las menores consecuencias posibles. Aquí, expertos hablan de las amenazas y planes para hacer frente a este panorama.

En el cuerpo humano, –apenas– un grado Celsius hace la diferencia entre la salud y la enfermedad. Si la temperatura sube de 37° a 38°C aparece la fiebre. Si se eleva a 40°C –tres grados más– hablamos de una urgencia médica.

Lo mismo ocurre en el océano: basta que la temperatura del agua suba en un grado para que el mundo entero sufra importantes consecuencias, que van desde efectos devastadores en el ecosistema marino hasta una reducción del PIB en los países más afectados.

Por eso, la irrupción este año del Súper Niño –que la Organización de Naciones Unidas (ONU) llama ‘una alarma climática urgente’– ha concitado la preocupación de gobiernos y la búsqueda global de una respuesta ante la pregunta: ¿cómo prepararse para tener ciudades, infraestructuras críticas, cadenas logísticas, agricultura y operaciones clave más resilientes ante eventos climáticos extremos?

Un fenómeno agudizado
En el Océano Pacífico ecuatorial-oriental, donde ocurre El Niño (fenómeno técnicamente conocido como ENSO), en un año ‘neutro’ o normal se espera que las aguas no suban su temperatura en más de 0,5°C. Cuando se presenta El Niño, esta sube entre 0,5° y 1,5°C. Con el Súper Niño, el calentamiento supera los 2°C.

Si bien este año aún no llegamos a esos dos grados, ‘la probabilidad de que el fenómeno se desarrolle en el trimestre junio-julio-agosto ha aumentado a un 95%’, anuncia Álvaro Constanzo, investigador meteorológico de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC).

‘Desde diciembre del año pasado, los indicadores muestran una curva sostenida al alza’, explica el agroclimatólogo Nicolás Raab, académico de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales de la Universidad Católica. ‘El calentamiento alcanzará su punto de máxima intensidad hacia finales de la primavera y principios del verano del hemisferio sur’.

El jueves, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) anunció la llegada oficial de este fenómeno climático. ¿Qué significa eso? ‘El Súper Niño altera radicalmente los patrones de circulación atmosférica, redistribuyendo la humedad del planeta. Esto provoca un escenario de contrastes extremos: mientras unas regiones sufren inundaciones, otras enfrentan sequías severas’, grafica el climatólogo Raúl Cordero, académico de la Universidad de Santiago.

Los efectos globales de un océano ‘afiebrado’
‘Determinar con exactitud si el cambio climático altera la frecuencia o la intensidad intrínseca del fenómeno de El Niño en el océano es todavía un tema de debate científico. Sin embargo, lo que ya no está sujeto a discusión es que el cambio climático empeora de forma severa sus efectos en la atmósfera’, agrega Raúl Cordero.

‘Los efectos se potencian drásticamente’, suma Nicolás Raab. La desaceleración de los vientos alisios, que soplan de este a oeste en la zona ecuatorial, barren el agua cálida hacia Australia y Oceanía. Cuando se apaciguan e invierten, esa masa de agua cálida se concentra en las costas sudamericanas (ver infografía), ‘actuando como un gigantesco radiador que eleva la temperatura global del planeta’, describe Raab.

En la práctica, entonces, ocurren eventos como estos: mientras en Chile y Perú se producen lluvias intensas en cortos períodos de tiempo (lo que llevó a que el país vecino contrajera su PIB en un 0,23% durante El Niño en 2023), en la cuenca del Atlántico y el Amazonas se da una sequía extrema que hace que el bosque tropical crezca menos, lo que a su vez reduce el secuestro activo de carbono en la naturaleza. También hay un aumento crítico de los incendios forestales.

Por otra parte, esos incendios liberan de forma violenta e inmediata el carbono que esos ecosistemas tardaron cientos de años en capturar, disparando las concentraciones globales de CO2, advierte Raab.

En Brasil hay un alto riesgo agrícola que pone en riesgo la producción de caña de azúcar, soya, café y naranjas en la zona amazónica, que conviven con inundaciones severas en otras partes del país. En Colombia, la sequía no sólo golpea la agricultura: también la electricidad, ya que el país depende altamente de sus centrales hidroeléctricas, lo que los obliga a utilizar plantas térmicas, que contaminan más y son más caras.

En África del sur y oriental también se esperan sequías, lo que alterará la producción de cacao. Mientras, India –segundo productor de arroz en el mundo–, en Indonesia –tercer productor de arroz– y Australia –cuarto productor de cebada– también ven golpeadas sus cosechas. ¿El resultado? Un decrecimiento de la economía y un aumento en el precio de los alimentos, entre otras consecuencias.

¿Cómo hacer frente al vaivén climático?
La ONU estima que, de presentarse el Súper Niño en su máxima expresión, las regiones más afectadas en el planeta sumarían una pérdida diaria de 86 millones de dólares. ¿Los sectores más afectados? Manufacturas, agricultura y transporte, debido al daño en las infraestructuras como caminos y puentes.

Ante ese escenario, el llamado de Naciones Unidas a nivel global es a reforzar tres pilares: agricultura (a través de la evaluación, por ejemplo, de cultivos alternativos), fortalecimiento de las infraestructuras frente a las lluvias y planes de abastecimiento de agua potable.

En cuanto a las infraestructuras, la clave es adaptar las actuales construcciones con criterios que se ajusten a la variabilidad climática.

‘La infraestructura ya no puede diseñarse sólo para responder a condiciones históricas promedio, sino que debe incorporar criterios de resiliencia, adaptación y continuidad operacional’, advierte Francisco López, director de Construcción de ACCIONA en Chile.

Este cambio, dice el ejecutivo, no sólo debe darse a raíz del fenómeno del Súper Niño, sino como respuesta urgente al cambio climático, que azota al mundo con olas de calor, incendios, marejadas y cambios bruscos en los patrones de temperatura y precipitaciones.

‘La experiencia reciente nos ha mostrado que estos eventos pueden afectar gravemente la conectividad, la seguridad de las personas y el funcionamiento de las ciudades’, afirma López. ‘Por eso, el diseño de caminos, puentes, obras hidráulicas, sistemas de drenaje e infraestructura crítica debe considerar escenarios climáticos más exigentes y variables’.

Para Hernán de Solminihac, miembro del Consejo de Políticas de Infraestructura, profesor titular de la Facultad de Ingeniería de la UC y exministro de Minería y Obras Públicas, la tríada clave para generar resiliencia es la incorporación en etapas tempranas de un diseño que responda a las exigencias climáticas; también tener lo que llama ‘redundancias’ o alternativas para hacer frente a las emergencias cuando una infraestructura colapse.

Por último, es fundamental mejorar los sistemas de monitoreo, alerta temprana y mejoramiento de respuesta ante eventos para volver a la normalidad en el menor tiempo posible. Esto implica invertir más en gestión de riesgos, dice.

En el mundo, cuenta De Solminihac, hay países que llevan la delantera en soluciones de resiliencia. ‘En Países Bajos han ido cambiando la forma de manejar las aguas con la construcción de parques inundables. En Singapur hay una completa gestión integrada de los residuos hídricos, mientras que en Medellín se ha trazado todo un plan de lluvias a partir de las áreas verdes y las arborizaciones’, ejemplifica.

¿Cómo estamos en Chile? El exministro de OO.PP. cree que es necesario reforzar el trabajo conjunto entre la empresa privada —que puede aportar con la innovación— y el Estado, mandante de la mayoría de las infraestructuras críticas.

‘En el país hay conciencia, pero todavía falta mucho’, afirma, y apunta específicamente al Sistema Nacional de Inversiones, que calcula beneficios y costos de las construcciones públicas: ‘Desgraciadamente, la metodología de evaluación todavía no incluye la resiliencia de una infraestructura dentro de la rentabilidad social de una construcción; sólo la incorpora como un costo más. Considerarla como un beneficio social es un paso fundamental para poder hacer más inversiones de esta naturaleza’, explica.

‘Incorporar resiliencia no debe entenderse sólo como un mayor coste inicial, sino como una inversión en seguridad, una mayor vida útil y protección de las personas’, agrega Francisco López, de ACCIONA. ‘Cuando se analiza el ciclo de vida de una infraestructura, el costo de diseñar con mayores estándares de adaptación suele ser muy inferior al económico, social y humano que puede generar una falla ante un evento extremo’.

 

Recuadro

‘Incorporar resiliencia en las infraestructuras no debe entenderse sólo como un mayor coste inicial, sino como una inversión en seguridad, una mayor vida útil y protección de las personas’.
Francisco López, ACCIONA.

‘La metodología de evaluación Sistema Nacional de Inversiones todavía no incluye la resiliencia dentro de la rentabilidad social de una construcción; sólo la ve como un costo más’.
Hernán de Solminihac, CPI.

LOS EFECTOS DEL ‘SÚPER NIÑO’
Este fenómeno hace que suba anormalmente la temperatura de las aguas superficiales del Océano Pacífico central y oriental. El debilitamiento de los vientos alisios, además, provoca que estas aguas cálidas se acumulen frente a Sudamérica, alterando el patrón de lluvias. En el diagrama se muestra el comportamiento habitual del clima y los cambios que provoca esta anomalía climática.

DINÁMICA ECUATORIAL
Plantea movimientos atmosféricos o de las corrientes marinas en zonas próximas al ecuador.

El Súper Niño en Chile
¿Por qué, si Chile está climáticamente influido por El Niño, aún no vemos lluvias torrenciales? ‘Hay otras modulaciones del clima global que juegan en una escala diferente y que están compitiendo con la señal de El Niño’, explica Álvaro Costanzo, investigador meteorológico de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC).

‘Estas interacciones complejas muchas veces difunden o ‘antagonizan’ la señal que esperamos de El Niño, por lo que si bien registramos una tasa de calentamiento marina muy significativa, la conexión entre el océano y la atmósfera no se ha acoplado completamente’, afirma.

Si el Súper Niño no se presentase este año de forma agresiva, sino con mucha lluvia, pero distribuida en un amplio lapso de tiempo, ‘el impacto para el país podría ser sumamente favorable’, dice Costanzo. ‘Estaríamos hablando de un superávit de precipitación anual que nos ayudaría a mitigar y salir parcialmente del crónico periodo de megasequía que arrastramos desde 2010’.

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Magdalena Andrade y Ricardo Olave-La Tercera 15-06-2026